Soy aquel que navega sin rumbo ni bandera, que no conoce la estación donde el metro llega hasta tu corazón. Solo viajo por las turbulentas aguas del olvidado sonido de las risas cálidas y tus manos vigorosas.
Que decir sobre mis pesares que malos siempre son, que decir de mis andares que al mirar atrás no los veo, aún me mantengo en pie quizá por propia voluntad, quizá no he caído para que no vengas a rescatarme sin animo de recordarte y sin poder olvidarte, huellas de un polizón que en su navío va surcando sus penas.
Otros días en otras orillas me pare, para escuchar risas cálidas que borraran la tuya u otras manos que taparan las heridas, me fui cuando vi que no había olvido y nunca volví porque un polizón nunca es bienvenido de nuevo en lugares donde se fue sin decir adiós.
Quizás ahora estoy llegando a otra orilla en la que echare el ancla y me quedare, quien sabe cuanto tiempo, quien sabe cuantas cosas recordare en esa orilla, pero ya tengo ganas de hundir mi barco y quedarme en la isla como hice contigo en el tiempo que fuiste mía.