domingo, 14 de octubre de 2012

En el bar

Esta vez la historia no es mas profunda que la de ayer ni menos copiosa que la de mañana, simple con mi copa en la mano y mirando ese hielo que da vueltas en mis labios, ese liquido abrasador pero placentero que inunda mi cuello y se desliza suavemente hasta acabar en el fondo de mi estomago, pensando en que seria de mi si no estuviera en este bar a esta hora, con esta copa, y ese camarero barrigudo preguntándome que hago aquí tan tarde, para variar la respuesta es "nada, vivo lo que me queda para morir por lo que pierdo". Siempre la misma pregunta, siempre la misma respuesta.

No obstante ese camarero preguntón y sin mas perseverancia que su corpulencia seguía cuestionándome lo mismo, la respuesta la misma. Hasta que un día no pregunto y me toco hacerlo a mi, "Hoy no preguntas, has aceptado que deje mi dinero sin saber la respuesta". Su reacción no fue ni de sorpresa ni de indignación, sonrió y me hablo como nunca antes lo había hecho. " Mira chaval, que lo haga ese tío de ahí de acuerdo tiene 50 años y no creo que sea de provecho para el mundo moderno, en cambio tu, tan joven y perspicaz sal de este antro y juegaté la vida en otros lugares y busca tu sentido, no el de la vida, sino el sentido que quieras darle a tu futuro".

Sus palabras me sorprendieron mas culto de lo que pensaba el camarero siguió limpiando vasos y platos con la sonrisa que tanto le predecía y que encantaba a los clientes, esos que se sentaban y tomaban contándole la vida a un hombre extraño que les sirve su licor o refresco preferido sin pedir nada a cambio que el dinero que llevas en los bolsillos, ese hombre me saco de su bar con las palabras de un sabio y proseguía su arduo trabajo con una gran sonrisa, ese hombre, es quien me salvo de la ruina de la monotonía de las bebidas y el mal vivir.

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